La articulación temporomandibular (ATM) es una de las articulaciones más complejas del cuerpo humano. Conecta el maxilar inferior (mandíbula) con el cráneo y se encarga de movimientos tan cotidianos como masticar, hablar, bostezar o reír. Cuando esta articulación y los músculos que la rodean no funcionan correctamente, puede aparecer el llamado trastorno de la ATM o disfunción temporomandibular (DTM). Muchas personas sufren molestias en la zona sin ser conscientes de su origen, y tienden a normalizar síntomas como el dolor de mandíbula, los ruidos articulares o el cansancio facial.
En este artículo, queremos ofrecerte una guía amena y cercana sobre el trastorno de la ATM: qué lo provoca, qué síntomas produce, cómo se diagnostica y qué tratamientos existen. Además, si vives en Linares y notas alguna de estas molestias, te explicamos cómo nuestros dentistas en Linares pueden ayudarte en nuestros tratamientos para el bruxismo en Linares.
¿Qué es la articulación temporomandibular y por qué es tan importante?
La ATM está formada por el hueso temporal del cráneo, la mandíbula, el disco articular y un complejo sistema de ligamentos y músculos. Contamos con una articulación en cada lado de la cara, y ambas funcionan a la vez para permitir movimientos suaves y coordinados. Cuando hablamos de trastorno temporomandibular nos referimos a un conjunto de más de 30 afecciones que afectan a la articulación, a los músculos que la mueven o a la forma en que el cerebro procesa el dolor.
A grandes rasgos, los especialistas agrupan estas afecciones en tres categorías: trastornos articulares (como la degeneración o desplazamiento del disco), trastornos musculares (espasmos o contracturas de los músculos masticatorios) y dolores de cabeza relacionados con la ATM. Su función es esencial para el equilibrio de la boca y del resto del cuerpo, por lo que cualquier alteración puede repercutir en la calidad de vida.
Causas y factores de riesgo
No existe una única causa que explique por qué aparece esta disfunción. A menudo se debe a la combinación de varios factores. El estrés y la ansiedad ocupan un lugar destacado, ya que muchas personas responden a las tensiones diarias apretando o rechinando los dientes (bruxismo), sobrecargando así la articulación. También influyen factores genéticos y hormonales, lo que explicaría por qué las mujeres entre 35 y 44 años son quienes más lo padecen.
Otros desencadenantes son los traumatismos en la mandíbula o en el cuello, la mala postura prolongada, determinadas enfermedades reumáticas como la artrosis o la artritis reumatoide, las alteraciones del sueño y ciertos hábitos como morderse las uñas, masticar chicle de forma continuada o llevar siempre el teléfono entre el hombro y la oreja. Aunque antiguamente se pensaba que la maloclusión o una mordida inadecuada eran responsables directos del problema, los estudios recientes no han demostrado una relación clara.
Además de los factores mencionados, existen situaciones que pueden precipitar un episodio de dolor temporomandibular. Un periodo de mucha carga laboral o emocional puede desencadenar episodios de bruxismo nocturno que, a su vez, irriten las articulaciones. El crecimiento o desgaste de las muelas del juicio, la pérdida de dientes sin reponer o el uso de prótesis mal ajustadas también pueden alterar la mecánica mandibular.
Algunos pacientes presentan hipermovilidad articular generalizada (sus articulaciones son más laxas de lo normal), lo que facilita el desplazamiento del disco articular. En los últimos años se estudia, además, la posible relación entre la apnea del sueño y los trastornos de la ATM, puesto que quienes sufren interrupciones respiratorias nocturnas tienden a apretar más la mandíbula. Por último, ciertos medicamentos, accidentes, cirugías previas en la zona y enfermedades que afecten a los nervios pueden incrementar el riesgo de desarrollar dolor mandibular.

Síntomas y manifestaciones del trastorno temporomandibular
Los síntomas pueden variar mucho de una persona a otra, y no todos los pacientes presentan los mismos signos. El más común es el dolor o sensibilidad en la mandíbula y alrededor del oído, que a veces se irradia al cuello, los hombros o la espalda. Muchas personas notan chasquidos, clics o crepitaciones al abrir o cerrar la boca; estos ruidos no siempre implican un problema, pero si van acompañados de dolor o limitación conviene estudiarlos. Otro síntoma frecuente es la dificultad o el bloqueo al abrir la boca, sensación de que la mandíbula se sale o se queda atascada.
Algunos pacientes refieren sentir que la mordida ha cambiado y que los dientes no encajan como antes. Pueden aparecer dolores de cabeza (especialmente en la sien), cefaleas tensionales, presión en los ojos, mareos, zumbidos o sensación de oído tapado. La fatiga al masticar alimentos duros y la rigidez por las mañanas también son comunes. Todos estos síntomas pueden aparecer de forma intermitente o volverse crónicos si no se trata la causa subyacente.
¿Cómo se diagnostica la disfunción temporomandibular?
Debido a la diversidad de síntomas y causas, el diagnóstico no siempre es sencillo. No existe una prueba universal que confirme la presencia de un trastorno de la ATM. El especialista (generalmente un odontólogo, un cirujano maxilofacial o un fisioterapeuta especializado) basará su diagnóstico en una historia clínica detallada y un examen físico minucioso. Te preguntará por tus síntomas, cuándo comenzaron, si hay factores que los empeoran o alivian, y revisará tu historial médico y dental.
A continuación, explorará la apertura y cierre de la boca, la amplitud de los movimientos, palpará los músculos masticatorios y escuchará posibles ruidos articulares con un estetoscopio. En algunos casos puede solicitar pruebas de imagen como radiografías, ortopantomografías, tomografías (TAC) o resonancias magnéticas para ver en detalle la posición del disco y descartar fracturas u otras enfermedades. Muchas veces la exploración y la conversación con el paciente son suficientes para orientar el tratamiento.
Tratamientos conservadores y cuidados en casa
La buena noticia es que en la mayoría de los casos los síntomas de la disfunción temporomandibular son temporales y mejoran con medidas sencillas. Los profesionales de la salud suelen recomendar un enfoque conservador como primera línea de tratamiento. Esto incluye seguir una dieta blanda durante unos días, evitando alimentos muy duros o pegajosos que requieran masticar con fuerza. Aplicar calor húmedo (compresas calientes) o frío sobre la zona puede aliviar los músculos inflamados.
Practicar ejercicios de estiramiento y relajación mandibular, así como técnicas de respiración y mindfulness, ayuda a reducir el estrés y a controlar el bruxismo, lo recomendado es contar con la ayuda de un profesional para sesiones de relajación contra la ansiedad si la causa es psicológica.
Además, es importante evitar hábitos como morderse las uñas, apretar los dientes o masticar bolígrafos.
El dentista puede recomendar analgésicos o antiinflamatorios no esteroideos para el dolor, y en algunos casos prescribir relajantes musculares o fisioterapia. Las férulas de descarga o placas de mordida, elaboradas a medida, son muy eficaces para proteger los dientes y reducir la presión articular durante la noche. Los tratamientos invasivos, como las infiltraciones de toxina botulínica o la cirugía articular, se reservan para los casos severos y se evalúan cuidadosamente.
Consejos de prevención y hábitos saludables
Más allá de tratar el dolor cuando aparece, existen estrategias que pueden ayudar a prevenir la aparición o recaída de la disfunción temporomandibular. Mantener una buena postura a lo largo del día, sobre todo si trabajas frente al ordenador, evita tensiones en el cuello y en la mandíbula. Intenta apoyar toda la planta del pie en el suelo y alinear la espalda; evita sujetar el teléfono entre el hombro y la oreja. Duerme boca arriba o de lado, pero evita dormir boca abajo con la cabeza girada.
Practicar ejercicio físico regular y técnicas de relajación (yoga, pilates, meditación) contribuye a gestionar el estrés, uno de los grandes desencadenantes del bruxismo. Si rechinas los dientes, consulta con tu dentista la posibilidad de usar una férula nocturna. También es aconsejable evitar masticar chicle por largas horas, moderar el consumo de alimentos muy duros y no llevar objetos pesados siempre en un solo lado del cuerpo (como bolsos grandes). Mantener un correcto equilibrio dental, reponiendo las piezas ausentes y revisando las prótesis, reduce la sobrecarga en la ATM.
El enfoque multidisciplinar en el tratamiento de la ATM
El abordaje de la disfunción temporomandibular suele requerir la colaboración de distintos especialistas. El odontólogo o cirujano maxilofacial realiza el diagnóstico, coordina el plan de tratamiento y confecciona férulas de descarga si es necesario. La fisioterapia especializada ayuda a relajar y fortalecer los músculos masticatorios mediante masajes, estiramientos, electroterapia y técnicas de liberación miofascial.
En algunos casos, el logopeda puede trabajar la correcta postura lingual y la deglución. Los psicólogos y terapeutas pueden proporcionar herramientas para manejar el estrés, la ansiedad o los trastornos del sueño que agravan el bruxismo. La medicina del dolor y la osteopatía también ofrecen técnicas complementarias para mejorar la movilidad y la percepción del dolor. Cada persona es única, por lo que el plan debe ser individualizado, revisado periódicamente y ajustado según la evolución de los síntomas.
Consecuencias de no tratar el trastorno de la ATM
Ignorar los síntomas y no tratar a tiempo la disfunción temporomandibular puede tener repercusiones a largo plazo. El dolor continuo dificulta actividades básicas como comer, hablar o dormir y genera frustración. La inflamación crónica de la articulación puede provocar desgaste del cartílago, desplazamiento del disco y artrosis, lo que limita cada vez más la movilidad. El bruxismo no controlado desgasta los dientes, los fractura o provoca sensibilidad dental.
Algunas personas desarrollan dolores de cabeza crónicos, migrañas, vértigos o trastornos del equilibrio debido a la relación entre la ATM y la musculatura cervical y del oído interno. El dolor y la incapacidad funcional pueden repercutir en el estado de ánimo, favoreciendo la aparición de ansiedad, estrés o depresión. Por eso es fundamental acudir a un profesional cuando aparecen los primeros signos y no esperar a que el problema se agrave.
Tratamiento especializado en Linares: Clínica Dental María José Manrique
En la Clínica Dental María José Manrique de Linares contamos con un equipo multidisciplinar preparado para diagnosticar y tratar el trastorno de la ATM de manera personalizada. Nuestro objetivo es aliviar tu dolor, mejorar tu calidad de vida y enseñarte a cuidar tu articulación. En la primera visita realizamos una evaluación completa del estado de tus dientes, músculos y articulaciones, y escuchamos tus preocupaciones y hábitos. Disponemos de tecnología de diagnóstico por imagen para estudiar la posición del disco y descartar otras patologías.
Diseñamos férulas de descarga a medida y elaboramos planes de fisioterapia adaptados a tus necesidades. Además, te ofrecemos pautas de autocuidado y técnicas de relajación para que puedas controlar el bruxismo y el estrés. Si fuera necesario, colaboramos con otros especialistas (otorrinolaringólogos, logopedas, psicólogos) para ofrecerte un tratamiento integral. Nuestro equipo se mantiene actualizado en los últimos avances y estará encantado de ayudarte.
El trastorno de la articulación temporomandibular es una afección frecuente pero poco conocida, que puede afectar a personas de cualquier edad. Aunque los síntomas pueden resultar molestos e incapacitantes, en la mayoría de los casos se alivian con medidas conservadoras y un enfoque preventivo.
Prestar atención a las señales de tu cuerpo, adoptar hábitos saludables y acudir a un profesional cuando sientas dolor o ruidos articulares te ayudará a evitar complicaciones. En nuestra clínica ofrecemos el tratamiento para la ATM en Linares, con un equipo que te acompañará en todo el proceso. Si notas molestias en la mandíbula, dolores de cabeza inexplicables o crees que podrías sufrir bruxismo, no dudes en pedir cita. Juntos encontraremos la mejor solución para que vuelvas a sonreír y masticar sin dolor.

















